Cómo se forman los vínculos afectivos: una mirada sistémica a la teoría del apego

“Los seres humanos estamos biológicamente preparados para establecer vínculos significativos. No solo necesitamos alimento y protección; necesitamos sentirnos vistos, sostenidos y seguros en la relación con los otros.”

Desde que nacemos, nuestras experiencias relacionales van configurando la manera en que entendemos el mundo, regulamos nuestras emociones y construimos nuestras relaciones más importantes. En Terapia EnFamilia observamos con frecuencia cómo las dificultades actuales en la pareja, la crianza o la convivencia familiar están relacionadas con formas aprendidas de vincularnos que comenzaron mucho antes de que pudiéramos ponerles nombre.

Comprender cómo se forman los vínculos afectivos y qué es el apego no implica buscar culpables ni reducir la complejidad de la vida familiar a los primeros años de infancia. Significa ampliar la mirada para entender cómo las experiencias relacionales dejan huella y cómo esas huellas pueden transformarse.

¿Qué es el apego?

La teoría del apego fue desarrollada por el psiquiatra y psicoanalista británico John Bowlby, quien definió el apego como un sistema biológico orientado a garantizar la supervivencia mediante la búsqueda de proximidad con las figuras cuidadoras cuando existe amenaza, malestar o necesidad.

Bowlby (1969/1982) propuso que el bebé desarrolla expectativas acerca de sí mismo y de los demás a partir de las respuestas recibidas por quienes le cuidan. Estas expectativas, denominadas modelos operativos internos, influyen posteriormente en la forma de relacionarnos con amistades, parejas e hijos.

El apego no es sinónimo de dependencia ni de sobreprotección. Paradójicamente, cuando un niño se siente seguro en el vínculo, desarrolla una mayor capacidad para explorar el entorno, aprender y adquirir autonomía.

¿Cómo se forman los vínculos afectivos?

Los vínculos se construyen a través de miles de interacciones cotidianas: una mirada que calma, una respuesta sensible al llanto, la disponibilidad emocional, el juego compartido o la reparación después de un conflicto.

La psicóloga del desarrollo Mary Ainsworth amplió el trabajo de Bowlby demostrando que la calidad de la sensibilidad parental era un factor fundamental en la organización del apego. A través del conocido procedimiento de la “Situación Extraña”, observó diferentes patrones de respuesta infantil ante la separación y el reencuentro con la figura cuidadora.

Es importante señalar que el apego no depende de una perfección parental imposible. Lo relevante es la capacidad de respuesta suficientemente consistente, sensible y reparadora.

Como señala Bowlby (1988):
“No son los errores ocasionales los que generan dificultades, sino la persistencia de respuestas insensibles o impredecibles.”

Los principales tipos de apego

Apego seguro

El niño utiliza a su figura de referencia como una “base segura” desde la que explorar el mundo y a la que regresar cuando necesita consuelo.

Suele desarrollarse cuando las personas cuidadoras responden de manera predecible y sensible a las necesidades emocionales.

En la vida adulta puede manifestarse mediante:

  • Capacidad para confiar en los demás.
  • Regulación emocional más flexible.
  • Autonomía compatible con la cercanía afectiva.
  • Intimidad sin temor excesivo a la dependencia.

Apego inseguro evitativo

Aparece con mayor frecuencia cuando las expresiones emocionales del niño son minimizadas, rechazadas o reciben escasa disponibilidad afectiva.

El menor aprende a inhibir sus necesidades de proximidad para adaptarse al contexto.

En la edad adulta puede expresarse como:

  • Dificultad para pedir ayuda.
  • Tendencia a la autosuficiencia extrema.
  • Distanciamiento afectivo ante el conflicto.
  • Incomodidad con la intimidad emocional.

Apego inseguro ambivalente o resistente

Se relaciona con experiencias de cuidado inconsistentes o impredecibles.

El niño intensifica sus señales de necesidad porque desconoce cuándo obtendrá respuesta.

En la adultez puede observarse mediante:

  • Temor intenso al abandono.
  • Necesidad elevada de confirmación afectiva.
  • Hipervigilancia respecto a la relación.
  • Dificultad para tolerar la incertidumbre.

Apego desorganizado

Descrito posteriormente por Mary Main y Judith Solomon, este patrón aparece cuando la propia figura de cuidado constituye simultáneamente fuente de protección y de miedo.

Puede asociarse a contextos marcados por trauma, negligencia grave o conductas altamente impredecibles.

En la vida adulta pueden coexistir necesidades intensas de cercanía con estrategias de alejamiento y dificultades importantes en la regulación emocional.

Una lectura sistémica del apego

La perspectiva sistémica aporta una comprensión más amplia del fenómeno del apego.

Desde este enfoque, el vínculo no se entiende únicamente como una característica individual, sino como una experiencia que emerge dentro de un sistema de relaciones.En Terapia Familiar Sistémica nos preguntamos:

  • ¿Cómo aprendió esta familia a expresar afecto?
  • ¿Qué historias de pérdida, migración o trauma forman parte de su legado?
  • ¿Qué modelos de cuidado se transmitieron entre generaciones?
  • ¿Cómo influye el contexto social y cultural en las formas de vincularse?


El terapeuta familiar estructural Salvador Minuchin señalaba que los síntomas individuales solo pueden comprenderse adecuadamente dentro de la organización familiar.

Por su parte, Murray Bowen destacó la transmisión multigeneracional de patrones emocionales, mostrando cómo determinados modos de gestionar la ansiedad y la cercanía pueden repetirse a través de las generaciones.

La integración entre teoría del apego y terapia sistémica ha permitido superar visiones reduccionistas centradas exclusivamente en el individuo o exclusivamente en la interacción presente. Como señalan Matteo Selvini y Anna Maria Sorrentino, la teoría del apego ayuda a comprender la historia evolutiva del sufrimiento sin perder de vista los recursos relacionales del sistema familiar. 

El apego también puede transformarse

Una de las ideas más esperanzadoras derivadas de la investigación actual es que los modelos de apego no son sentencias inmutables.

Las experiencias reparadoras pueden modificar la manera de relacionarnos.

Relaciones significativas, vínculos seguros en la vida adulta y procesos terapéuticos consistentes ofrecen oportunidades para reorganizar la experiencia emocional.

La terapeuta de pareja Sue Johnson describía las relaciones afectivas como espacios privilegiados para sanar heridas vinculares y construir nuevas experiencias de seguridad.

Asimismo, el psiquiatra Daniel J. Siegel subraya que el cerebro mantiene capacidad de cambio a lo largo del ciclo vital gracias a la neuroplasticidad y a las experiencias interpersonales integradoras.

¿Qué trabajamos en terapia?

En muchas ocasiones, las familias llegan a consulta preocupadas por discusiones frecuentes, dificultades en la crianza, problemas de conducta o conflictos de pareja. Sin embargo, bajo esas manifestaciones suelen aparecer preguntas más profundas:

  • ¿Podemos confiar unos en otros?
  • ¿Nos sentimos comprendidos?
  • ¿Cómo expresamos nuestras necesidades emocionales?
  • ¿Qué historias familiares seguimos reproduciendo sin darnos cuenta?
  • ¿Qué historias familiares seguimos reproduciendo sin darnos cuenta?


La terapia familiar sistémica ofrece un espacio para comprender estos patrones, fortalecer los recursos existentes y construir formas más seguras y flexibles de estar en relación.
Porque comprender cómo nos vinculamos no consiste en etiquetarnos, sino en abrir posibilidades de cambio.

Los vínculos afectivos constituyen el tejido invisible que sostiene nuestra vida emocional. Se construyen desde la infancia, se transforman a través de nuestras experiencias y continúan evolucionando a lo largo de todo el ciclo vital.

Desde una perspectiva sistémica, cada persona forma parte de una red de relaciones que influye en quién es y en cómo ama. Conocer nuestra historia vincular no determina nuestro futuro, pero sí puede ayudarnos a comprendernos con mayor compasión y a construir relaciones más seguras, conscientes y satisfactorias.